sábado, 28 de noviembre de 2015

El mundo sin habla.


Si me lo preguntas, no sabría responderte, porque hay cosas, muchas cosas, que no puedo decir, a veces porque no quiero, a veces porque no puedo. Es que hay cosas que no tienen una explicación en palabras, hay cosas que están solo en el alma, por eso no me preguntes porque lloro al oír Debussy, confórmate con saber que no es tristeza, pero no preguntes ya si es alegría porque no es alegría ni es felicidad, no tiene nombre, ni pronunciación, no está en esa parte del mundo, esa parte en la que las cosas tienen nombre y se pueden decir, no; esta en otro lado, en ese otro más etéreo y desconocido para todos, a pesar de que todos lo visitamos tanto. Al menos yo, vivo en él casi siempre, y sigue siendo para mi algo lejano e incierto, tan tenebroso como hermoso, a veces claro, pero siempre oscuro, como cuando cierras los ojos con gusto y descubres que la oscuridad de tus párpados es el mejor lugar para ese momento. Oscuro como bueno y oscuro como malo, cuando se derraman gotas de sangre del alma dañada, herida, que te hace sentir hasta el gusto de la sangre en tu boca de tanto sufrimiento etéreo. Es que a veces me pregunto si habrá un cuerpo desconocido dentro de nosotros, como lo que llaman alma, pero de verdad en el sentido de que se pueda dañar como se daña el cuerpo físico, porque creo que todos sabemos bien que cuando nos duele el alma el dolor es tan agudo como una gran sanja de una herida en las costillas, como.. como, como.. no lo sabría explicar, también está allí, en el mundo sin palabras, donde tu y yo sentimos lo que tampoco tiene alfabeto para hablarse. 


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Canción




Quién eres tú repentina
doncella que te desplomas
como la araña que pende
del pétalo de una rosa.

Tu cuerpo relampaguea
entre las maduras pomas
que el aire caliente arranca
del árbol de la centolla...

Caes con el sol,
esclava dorada de la amapola
y lloras entre los brazos
del hombre que te deshoja.

¿Eres mujer o eres dios
muchacha que te incorporas
como una nueva Afrodita,
del fondo de una corola?.

Herida en lo más profundo
del cáliz, te desenrollas,
gimes de placer, te estiras,
te rompes como una copa.

Mujer parecida al mar,
—violada entre ola y ola—
eres más ardiente aún
que un cielo de nubes rojas.

La mesa está puesta, muerde
la uva que te trastorna
y besa con ira el duro
cristal que te vuelve loca.

Canción

por Nicanor Parra